Lo dicho,
debo pedir disculpas al Administrador por haber tardado tanto en
escribir algo, pero esta vida moderna, las ocupaciones, los estudios,
los contratiempos y demás… son una losa importante que solo ante
un alarde de inspiración pueden ser superados.
Ante todo, os
diré que creo que hay varias Semana Santa de Cáceres: la de la Fé
y la de la Religión, pero también la de la Tradición, la Cultural,
la Antropológica, la Artística o la de los Sentidos, o simplemente
la de los recuerdos de la niñez, sobrecogido al amparo del abrazo
protector de tus padres. Tanto los que estamos dentro como los que la
ven desde fuera percibimos en ella aquello que cada uno vé, lo que
su yo
personal
les hace ver, y por eso despierta en nosotros sentimientos por
fortuna muy diversos; pero éstos, aún dormidos, deben estar dentro
de nosotros, sean cuales sean, o de lo contrario no habrá nada que
despertar. Uno de nuestros objetivos debería ser conseguir
desempolvar y remover en los demás y en uno mismo esos sentimientos
y emociones, fundamentalmente con nuestras procesiones y actos, pero
también con nuestro ejemplo diario (frase retóricamente intachable
pero muy, muy difícil de llevar a la práctica) y hacer que cada
uno, los de fuera y los de dentro, saque a la luz esos sentimientos,
sean los que fueren. Dicho esto, estoy convencido de que, aunque no
parece que sea lo suyo, no hay nada malo en que alguien viva nuestra
Semana Santa desde sólo la pura tradición cultural, o de
remembranza patriarcal, sin que incluso participe activa y
habitualmente -con su vida cotidiana- en los hitos y ritos de nuestro
Cristianismo, y que incluso ese alguien podría también ser ejemplo
para los demás con su comportamiento. Quizás sea justo reconocer
que el esfuerzo de unos y de otros, más o menos religiosos, mas o
menos “practicantes” (concepto que enmascara un lujo extraño que
no todas las religiones se permiten), sería inútil sin la
participación de todos, cada uno a su nivel, con su propio grado de
compromiso, con su propia forma de vivencia y participación y con su
mayor o menor ejemplo interior y exterior.
A todos
nos une el mismo amor, e incluso en muchos casos pasión, por lo que
estamos representando y por lo que experimentamos esos días, y
participo de la muy contradictoria idea de que, si bien sería lo
propio hacer esa catequesis durante todo el año con nuestros actos y
con nuestro ejemplo, sin embargo para muchos es sólo en esa Semana
Grande cuando esos sentimientos explotan y se renuevan, les deleitan
con las emociones e inundan sus sentidos: el olor a flores, a
incienso, el sonido de las horquillas sobre la piedra, la música, el
olor a siglos de Historia… el olor a Cáceres en Semana Santa del
que en otra ocasión he hablado. El sólo hecho de vivirla y sentirla
profundamente merece nuestro respeto, en estos tiempos que nos ha
tocado vivir, donde lo material ha apartado cuasi definitivamente a
la participación desinteresada, al esfuerzo por que todo salga bien
sin más recompensa que tu satisfacción interior (que se sublima,
para mi, si todo eso lo haces con la cara tapada) o con la
satisfacción exterior de haber hecho brotar en los demás, con tu
pequeño granito de arena, un lamento, una oración, una lágrima, el
recuerdo de un ser querido, de conseguir con tu sacrificio arrancar
una emoción, una saeta, una mirada, un silencio, el estremecimiento
de alguien … el escalofrío que sientes, como viento helador de
primavera, al ver bajar un Crucificado por nuestro Adarve, auténtica
Vía Dolorosa que, de tanto verla, apenas sabemos apreciar y valorar
como sí lo hacen los que nos visitan…
Es por
ello que me desconsuela comprobar cómo sentimientos inequívocamente
profundos y hermosos se confunden con actitudes que, aunque merezcan
el respeto que hemos de profesar a la diversidad, responden al mismo
con el desprecio al propio respeto, basado, sobre todo, en la
descalificación, en el fanatismo o en la ignorancia. Sé que cometo
un grave error entrando al trapo de comentarios de blog
o chat
emitidos por gente que, confundiendo el verdadero valor del
anonimato, juzga a otra gente sin conocerla, ocultos tras las
digitales cortinas de un seudónimo, pero lo voy a hacer. Como mejor
ejemplo, un botón: cuando Ignacio Blanco Palacios (una vez
finalizado su mandato) dejó la Mayordomía de la Cofradía de las
Batallas hace cuatro meses de Mayo, se publicó en un diario regional
un breve artículo periodístico con entrevista donde éste aparecía
en una fotografía realizada junto al Cristo de las Batallas. Siendo
frecuente que los lectores digitales emitan sus comentarios sobre
cualquier nota, noticia o artículo, alguien -un iluminado- escribió:
La
foto que ilustra la noticia es, al menos, irreverente. No entiendo
cómo el Mayordomo de una cofradía acepta que le hagan una foto
dando la espalda a su imagen titular y situándose a la misma altura.
Esto habla de la nula cultura cofrade del Mayordomo, de la poca
ortodoxia de la cofradía, de la irrelevancia de la misma y de sus
titulares... En fin, en una foto, todo un tratado de ineptitud. Si a
mi Hermano Mayor se le ocurre hacer eso con La Señora de la
Amargura, Sevilla, que digo Sevilla, España se le queda chica para
esconderse.
Por más veces que lo leí, no encontré respuesta a una afrenta que
consideré personal hacia mí y todos mis hermanos de la Cofradía, y
¡qué
digo¡,
de cualquier Cofradía.
Buscando
un resquicio que me permitiera comprender la respuesta, no era capaz
de imaginar cómo alguien podía erigirse en ariete de la ortodoxia y
además calificar la de mi Cofradía, ninguneando desde su sevillana
atalaya la relevancia de la Cofradía y la de sus Titulares… pero
no tardé en comprender que yo estaba en el bando bueno,
en el bando de la gente normal que siente orgullo por lo suyo sin
menoscabo de lo de los demás, porque el “ignorante ortodoxo”
“valedor de la pureza” y “luchador contra la irreverencia”
desconocía, a pesar de su gran
cultura,
que su Señora de la Amargura de Sevilla, que es también mi Virgen
de los Dolores, de la Esperanza o de la Soledad, debería estar
llorando de rabia e impotencia al comprobar que su propio Mensaje, y
el de su Hijo, no habían calado (sino todo lo contrario) en su
“culto y valiente” pupilo, que en un simple comentario había
escrito realmente todo
un tratado de ineptitud
apelando precisamente, y en vano, al nombre de Nuestra Señora.
Situaciones
como éstas, donde no es infrecuente ver cómo valientes seudónimos
utilizan la descalificación personal, el insulto o la crítica
gratuita como herramienta para esconder su propia insignificancia, su
equivocado sentido del significado de la Semana Santa, su escandalosa
mediocridad o incluso su mal disimulada envidia, no hacen sino
ratificarme en
cuan espinoso es el camino, y en la idea de que mi esfuerzo, nuestro
esfuerzo, está bien encaminado si lo dedicamos, desde el sacrificio
personal, a hacer que la gente normal disfrute, sienta, viva e
incluso participe, cada uno a su escala, de nuestras procesiones.
Arrancar ese sentimiento o esa lágrima efímera (ajena o propia)
hace que merezca la pena todo el esfuerzo, y compensa con creces los
sinsabores
que, por estar propiciados por gente sin valía y sin Valor, merecen,
desde el respeto, mi desaprobación.
Y, por
último, manifestar
mi admiración por todos y cada uno de los que, desde su granito de
arena, han hecho (mirando atrás) y hacen en la actualidad algo
(grande o pequeño, llamativo o no, reconocido o no) por nuestra
Semana Santa.
Quizás
no esté muy de acuerdo en algunos de los postulados, o nada de
acuerdo en las peregrinas confrontaciones que a menudo surgen, de
ésta o aquella persona, pero ello no resta un ápice de mi
admiración y respeto, aunque no haya sido hasta que no lo sufrí en
mis carnes que no hubiera descubierto el verdadero valor de dicho
sacrificio…mea culpa.
Y, desde aquí, suerte a todos,
y sobre todo a la Hermandad Universitaria de Jesús Condenado, ese
Cristo de los Adarves que esperemos nos va a dar imborrables estampas
(por fuera y por dentro de uno mismo) si Dios quiere que, tras esta
impenitente sequía, no nos caiga el Cielo sobre nuestras cabezas
como viene siendo habitual en los últimos años.
No hay comentarios:
Publicar un comentario